Humores sobre el calor: cómo la risa nos ayuda a sobrevivir al calor Cuando el termómetro supera los treinta grados y el aire se vuelve denso y viscoso, tenemos dos caminos: quejarnos o reírnos. La mayoría elige lo segundo. Los chistes sobre el calor son un lenguaje universal que entienden tanto los habitantes del Sahara como los de Siberia cuando el calor anómalo llega a sus tierras. Risuamos sobre el asfalto fundido, sobre los huevos que se pueden freír en el capó del coche, sobre los aire acondicionados que trabajan al límite. Pero ¿por qué el humor se convierte en nuestra principal arma contra el calor? ¿Qué hay detrás de estas frases aparentemente sencillas? Y cómo los chistes sobre el calor reflejan nuestra cultura, psicología e incluso nuestra actitud hacia el cambio climático? Breve historia: cuando las personas comenzaron a reírse de la temperatura Los chistes sobre el clima son uno de los más antiguos en la historia humana. Ya en las comedias antiguas se pueden encontrar referencias a cómo «el sol hierve tanto que incluso los dioses sudan». Sin embargo, como género folklórico, se formaron en el siglo XIX, cuando la cultura urbana y los periódicos en masa hicieron del clima un tema común de conversación. En la Inglaterra victoriana, donde se acostumbraba a discutir las brumas y las lluvias, los chistes sobre el calor aparecían raramente, pero con el arrival de las fuerzas coloniales y los viajes a los trópicos, los británicos comenzaron a ironizar sobre el «calor insoportable» que ellos mismos creaban en sus obras literarias. En Estados Unidos, los chistes sobre el calor se volvieron populares en tiempos de la fiebre del oro, cuando los mineros en California y Nevada se cocían en sus propias camisas. Fue entonces cuando nació la famosa frase «Hot enough to fry an egg on the sidewalk», que sigue siendo una clásica hasta hoy. Y con el arrival del cine y la televisión, los chistes sobre el calor pasaron a los números de comedia y los sítcoms, convirtiéndo ...
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